A fecha de 26.01.2026, según informes de prensa actuales, alrededor de 1.236 toneladas de oro alemán se encuentran almacenadas en el Federal Reserve Bank of New York, mientras que 1.710 toneladas se custodian en Fráncfort y 405 toneladas en Londres. Esto no es un detalle menor: con un total de aproximadamente 3.352 toneladas de oro, Alemania sigue figurando entre los mayores poseedores estatales de oro a nivel mundial.
Al mismo tiempo, a principios de 2026, el oro vuelve a ser un “activo de portada”: cuanto mayor es la fricción geopolítica, más a menudo el tema de las reservas de oro llega al debate público. Y con el debate surge una pregunta muy práctica: ¿debe el oro permanecer en el extranjero o debería (parcialmente) repatriarse?
Las reservas de oro no son activos especulativos, sino parte de las reservas de divisas. Su función es principalmente psicológica e institucional: confianza, resistencia ante las crisis y, en casos extremos, también liquidez internacional. Lo decisivo no es tanto el precio diario, sino la capacidad de poder utilizar el oro de forma rápida y reconocida en los grandes centros financieros en caso de necesidad. Precisamente aquí reside un argumento central a favor de lugares de almacenamiento como Nueva York o Londres: son centros de negociación y compensación donde el oro, como activo de reserva, se siente operativamente “en casa” desde hace décadas.
Al mismo tiempo, la posición contraria es comprensible: cuanto más inestable es el mundo, más fuerte es la necesidad de una certeza de disposición directa, es decir, de proximidad, acceso y transparencia.
La estructura de almacenamiento es, en esencia, una mezcla de lógica de seguridad, liquidez y diversificación. Fráncfort representa la custodia nacional, Nueva York el acceso al sistema financiero del dólar estadounidense y Londres el acceso a uno de los mercados de comercio de oro más importantes. En el debate público, esto suele cargarse políticamente; de hecho, se trata inicialmente de una diversificación estratégica de riesgos a través de las ubicaciones.
La magnitud actual se puede resumir de la siguiente manera:
| Lugar de almacenamiento | Cantidad (toneladas) | Proporción (redondeada) |
|---|---|---|
| Fráncfort (Bundesbank) | 1.710 | 51 % |
| Nueva York (Fed) | 1.236 | 37 % |
| Londres (Bank of England) | 405 | 12 % |
| Total | 3.351–3.352 | 100 % |
El hecho de que las sumas varíen mínimamente según la fuente se debe en la práctica a redondeos y fechas de referencia. En cuanto al contenido, el mensaje se mantiene estable: una parte relevante se encuentra fuera de Alemania, con un claro énfasis en Nueva York.
Un error de razonamiento típico es: si el oro “pertenece a Alemania”, debe estar necesariamente “en Alemania”. Sin embargo, la propiedad y el lugar de almacenamiento son dos niveles distintos. El lugar de almacenamiento forma parte de una estrategia operativa, no es necesariamente un voto de desconfianza hacia el propio país.
El segundo error es logístico: muchos imaginan el transporte como un proyecto titánico casi imposible. En este punto, vale la pena mirar hacia Austria, ya que allí ya se ha llevado a cabo una acción de repatriación completa.
El Oesterreichische Nationalbank (OeNB) completó una repatriación entre 2015 y 2018 y trasladó 90 toneladas de oro a Austria. Tras esto, 140 toneladas quedaron en Austria; las reservas totales se cifraron en 280 toneladas. El punto clave: es factible si se decide políticamente y se planifica de forma organizada y limpia.
Esto no significa automáticamente que el procedimiento alemán deba ser “idéntico”. La magnitud es diferente, al igual que la situación política. Pero Austria ofrece un ejemplo real de que la repatriación no es un mito, sino una cuestión de prioridad, concepto de seguridad y disciplina en los procesos.
| País / Programa | Alcance de la repatriación | Periodo | Resultado (tras la finalización) |
|---|---|---|---|
| Austria (OeNB) | 90 toneladas | 2015–2018 | 140 toneladas en Austria; Total 280 toneladas |
Cuanto más se intensifica la disputa política sobre los lugares de almacenamiento, más importante se vuelve un aspecto que a menudo se pasa por alto: la transparencia no es algo “deseable”, sino la base para que la discusión no derive en especulación. El Bundesbank ha enviado señales de transparencia en el pasado con publicaciones y explicaciones sobre la gestión de las existencias de oro. En la percepción pública, esto es suficiente para algunos, pero no para otros; sin embargo, el mecanismo básico es claro: cuanto más comprensibles sean la gestión de inventarios y los procesos de auditoría, menos espacio queda para la desconfianza.
Varios artículos actuales de los principales medios de comunicación alemanes vinculan la cuestión del almacenamiento con el riesgo político, especialmente con la mirada puesta en los EE. UU. Se comparta o no esta preocupación, es un motor real del debate. Y cambia la lógica de la comunicación. Porque incluso si operativamente todo está organizado de forma sólida, la “disponibilidad percibida” en tiempos de crisis puede volverse más importante que contar con la mejor infraestructura de mercado posible en el lugar de almacenamiento.
Esto lleva a una conclusión sobria: la pregunta “¿dónde está el oro?” es en 2026 menos una cuestión técnica que una cuestión de política de confianza. Y la confianza no surge de consignas, sino de reglas comprensibles, procesos de auditoría sólidos y una comunicación clara.
Mantenga su visión a largo plazo, atentamente, Helge Peter Ippensen
Invierta fácilmente en metales preciosos físicos.
