
Robert Kiyosaki es conocido por sus palabras directas. Cuando el autor del bestseller “Rich Dad Poor Dad” comparte sus valoraciones con más de 2,4 millones de seguidores, esto genera regularmente debate, mucho más allá de la comunidad de metales preciosos. Sin embargo, su anuncio más reciente es notable incluso para sus estándares: es la advertencia sin concesiones de un hombre que ha estado alertando sobre las debilidades estructurales del sistema de dinero fiat durante casi tres décadas.
Su pronóstico más reciente tiene la fuerza de un terremoto tectónico: una onza de oro podría subir a 35.000 dólares estadounidenses, y la plata a 200 dólares. Mientras que los críticos lo descartan una vez más como un “profeta del crash”, cada vez más inversores ven en sus palabras una amarga señal de alerta. En un momento en que el oro ya cotiza en torno a los 4.700 dólares, estos objetivos astronómicos suenan de repente como una consecuencia radical, pero lógica, de la política de deuda global.
Hace solo unos años, se habrían reído de Kiyosaki por tales cifras. Pero el viento ha cambiado. El precio actual del oro refleja una profunda incertidumbre. Kiyosaki no espera un mercado alcista suave, sino el “Giga-Crash 2026/27” – una ruptura del sistema que podría desembocar en una nueva “Gran Depresión”, análoga a la de la década de 1930.
Su argumento: en un mundo donde las monedas fiat se devalúan mediante la impresión incontrolada, se produce inevitablemente una revalorización masiva de los bienes reales y escasos.
Para los ahorradores, esto significa una expropiación progresiva. Mientras que el saldo en la cuenta permanece nominalmente igual, el poder adquisitivo real se derrite implacablemente.
Kiyosaki enfatiza repetidamente: “Planeo volverme más rico, no más pobre”. Señala que ha salido ganando de cada gran crash – 1987, 2000, 2008 y 2022. ¿Su secreto? Cuando el mercado colapsa, los activos de primera clase se ofrecen a “precios de ganga”.
Sus favoritos para la protección del patrimonio:
Si el oro termina exactamente en 35.000 dólares es secundario. Lo decisivo es la dirección. La inclusión de metales preciosos en una cartera es hoy menos una apuesta especulativa y más bien un acto de prudencia. Es el seguro contra la erosión del dinero fiduciario y las incertidumbres fiscales de la clase política.
Mantenga la visión a largo plazo
Atentamente, Nils Gregeren
Invierta fácilmente en metales preciosos físicos.
